Cada
vez que escribo algo el millón de palabras se lleva una parte de mí. Siempre lo
he dicho, es la respuesta universal a que siento cuando escribo.
Por
eso, cada vez que escribo, aunque sea un blog va inspirado a alguien, así sea
para mí.
Y
esta es la difícil labor de un escritor: separar los sentimientos, las
personas, lo que quema, lo que se es y lo que se quiere aparentar ser en los
escritos. Y para ser honestos no quería comenzar a escribir este blog de esta
manera, en verdad quería explicar cómo escribo cuentos.
No
es una ciencia exacta. Puede comenzar por un sueño, un olor, un beso, un
apretón de manos, una mirada. Cualquier cosa. No es algo que otra persona no
haya dicho, pero ¿quiénes son mis personajes?
Depende.
En algún tiempo creía que debía entregarle a los lectores como eran las
personas de las cuales escribía, pero un día aprendí que si seguía haciendo eso
me iba a delatar (más de lo que ya estaba), por eso, prefiero que a quien
escribo y a quien no le escribo pueda imaginarse. Imaginarse matando, siendo
feliz, dando besos, tomando café, mirando por la ventana, levantando de cama y
viendo a su mujer al lado, tomando copas de vinos con su más grande enemigo.
pero
ahora si ¿cómo manejo la trama de mis personajes?
Depende
como me encuentre de ánimo. A veces siento que mis personajes pueden llegar a ser
mis amigos, un ex, alguien que me gusta, mi cantante preferido.
Y
por eso escribí lo que leerán a continuación (que era el verdadero blog que
pensaba publicar y que nació una noche de lluvia) (mucha lluvia):
Tú
eres el personaje de mis últimos diez cuentos. y en cada uno se encuentra
descrito como quiero que seas y no seas. A veces me levanto de muy buen ánimo y
te doy vida en mis palabras, te hago alto, con más barba de la que tienes, con
el cabello tan largo como lo deseas, te compro una maleta de tu color preferido
y te en envió hacía Europa en quince minutos. Sobre la lluvia en Paris.
Algunos
días como hoy no me levanto de muy buen ánimo. Mi corazón está en tus zapatos y
el día es soleado para ti, y entonces te dan muchísimas ganas de caminar, Como
nunca. Pero no escuchas como chilla el
corazón, o te niegas a sentirlo.
Mientras
tanto en mis letras mueres: caes de un rascacielos, te ahogas en las cascadas
de Brasil, mueres porque no observaste si el semáforo estaba en verde. Sí, si estás
leyendo esto, sabes lo tonto que puedes ser en algunos momentos.
Pero
también hay otros días, como cuando éramos felices. Entonces, en esos días yo
te perfumaba, y te vestía de Blanco, y te llevaba a mi sitio preferido, tal vez
al mar y caminabas conmigo junto a la lluvia, porque en el mar también llueve,
y temblabas, pero me protegías, y tus ojos brillaban como nunca mientras yo observaba
como le temías al mar, al oscuro azul del mar.
También
te imaginaba en tu habitación.
Pensando
en nosotros, en como morbosamente era yo quien estaba a tu lado.
Pensando
en cómo creías que mis besos cargaban buena suerte.
Buena
suerte, amor. (como nunca antes te había dicho).
Cuando leo lo que escribes no puedo evitar amar tú talento, eres tan buena en esto, que no encontraría palabras para poder describir con exactitud, lo profesional que me pareces, tus palabras suelen tomar vida propia y es como si lo llenaran a uno como lector, motivando a escribir también, a intentar disfrutar de los placeres de la literatura, gracias por tú talento, gracias por escribir.
ResponderEliminar