martes, 14 de junio de 2016

¿Cómo escribo mis cuentos?


Cada vez que escribo algo el millón de palabras se lleva una parte de mí. Siempre lo he dicho, es la respuesta universal a que siento cuando escribo.
Por eso, cada vez que escribo, aunque sea un blog va inspirado a alguien, así sea para mí.

Y esta es la difícil labor de un escritor: separar los sentimientos, las personas, lo que quema, lo que se es y lo que se quiere aparentar ser en los escritos. Y para ser honestos no quería comenzar a escribir este blog de esta manera, en verdad quería explicar cómo escribo cuentos.

No es una ciencia exacta. Puede comenzar por un sueño, un olor, un beso, un apretón de manos, una mirada. Cualquier cosa. No es algo que otra persona no haya dicho, pero ¿quiénes son mis personajes?

Depende. En algún tiempo creía que debía entregarle a los lectores como eran las personas de las cuales escribía, pero un día aprendí que si seguía haciendo eso me iba a delatar (más de lo que ya estaba), por eso, prefiero que a quien escribo y a quien no le escribo pueda imaginarse. Imaginarse matando, siendo feliz, dando besos, tomando café, mirando por la ventana, levantando de cama y viendo a su mujer al lado, tomando copas de vinos con su más grande enemigo.

pero ahora si ¿cómo manejo la trama de mis personajes?
Depende como me encuentre de ánimo. A veces siento que mis personajes pueden llegar a ser mis amigos, un ex, alguien que me gusta, mi cantante preferido.
Y por eso escribí lo que leerán a continuación (que era el verdadero blog que pensaba publicar y que nació una noche de lluvia) (mucha lluvia):


Tú eres el personaje de mis últimos diez cuentos. y en cada uno se encuentra descrito como quiero que seas y no seas. A veces me levanto de muy buen ánimo y te doy vida en mis palabras, te hago alto, con más barba de la que tienes, con el cabello tan largo como lo deseas, te compro una maleta de tu color preferido y te en envió hacía Europa en quince minutos. Sobre la lluvia en Paris.  
Algunos días como hoy no me levanto de muy buen ánimo. Mi corazón está en tus zapatos y el día es soleado para ti, y entonces te dan muchísimas ganas de caminar, Como nunca.  Pero no escuchas como chilla el corazón, o te niegas a sentirlo.

Mientras tanto en mis letras mueres: caes de un rascacielos, te ahogas en las cascadas de Brasil, mueres porque no observaste si el semáforo estaba en verde. Sí, si estás leyendo esto, sabes lo tonto que puedes ser en algunos momentos.
Pero también hay otros días, como cuando éramos felices. Entonces, en esos días yo te perfumaba, y te vestía de Blanco, y te llevaba a mi sitio preferido, tal vez al mar y caminabas conmigo junto a la lluvia, porque en el mar también llueve, y temblabas, pero me protegías, y tus ojos brillaban como nunca mientras yo observaba como le temías al mar, al oscuro azul del mar.

También te imaginaba en tu habitación.

Pensando en nosotros, en como morbosamente era yo quien estaba a tu lado.

Pensando en cómo creías que mis besos cargaban buena suerte.

Buena suerte, amor. (como nunca antes te había dicho).

domingo, 12 de junio de 2016



Ella observa por la ventana y la ventana se vuelve cada vez más pequeña y entonces el cielo se hace más oscuro, las pupilas se dilatan en el brusco encuentro de observar el verde pasto, que pronto dejará de ser verde. 

Ella no recuerda caminar, porque su cuerpo se cae cada segundo cuando recuerda como duele el corazón, ¡Pero como duele! -¿no?- ¿A usted nunca le ha dolido el corazón? porque a mí sí. Se siente amargo y ácido y es amarillo como el sol y luego se vuelve negro como los vacíos. Entonces te traga y las lagunas se vuelven pequeñas con el conteo de cada lagrima que has derramado, y el mar. El mar ni siquiera llega a ser igual de salado que tu rostro después de una noche de tormenta, de insomnio, de no saber que pasará mañana.

¡Maratones! un verdadero maratón es tener que fingir y caminar como un dependiente por las calles mientras tienes que fingir, sonreír y tu único acompañante es... Buen chiste.

Usted señor, en verdad  no sabe nada ¿ah?, porque tener que explicar que se siente sufrir mientras la ventana se vuelve pequeña y que su voz se deje de escuchar y sus pequeños dedos dejen de tocarme, y sus ojos, sus dulces ojos dejen de verme. Esto es como la muerte... 

Y usted solo me calla con un beso.

jueves, 9 de junio de 2016

Treinta segundos.

Solo dedicaré diez minutos a escribir sobre ti, porque después de esto no sabré donde estarás, donde has ido o que has hecho con tu vida. Saliste por la puerta principal del hotel y dijiste adiós como si fuese así de fácil. Lo más probable es que tú y yo nos volvamos a ver, aunque lo neguemos con el alma. Al final, tampoco es que me importe mucho, porque el romanticismo es tuyo, yo solo lo practico como un deporte estratégico y universal.

Necesito mil palabras para describirte, pero tal vez unos litros de cerveza me ayuden a recordarlas. La helada sensación nubla mi cabeza, como la de cualquier humano, hasta la perpetua muerte que cargamos encima. Tal vez comencé a activar el plan “odio” cuando aplicaste las excusas clichés. “no soy suficiente”- “no sé qué pasará con nosotros”- “Hoy no nos podemos ver”- “No es que haya otra persona, pero…”  ¿qué clase de poeta piensa en tales posibilidades mal dadas?

Yo solo espero encontrarte de nuevo, en el mismo lugar, en la misma banca. Pero no con la misma marca de cigarros porque encarecidamente espero que tus gustos mejoren mientras te encuentres lejos. Pero si espero encontrarte, así sea con otra, pero verte de nuevo. Mientras tanto seguiré vistiendo de negro, pero no bajo la misma concepción de escritor promedio que llevas encima. Porque no importa cuántas personas haya conocido en mi vida, cuantos me hayan abrazado y me hayan hecho sentir única, esta vez sí es verdad. No había conocido a alguien como tú.

Mientras tanto seguiré siendo la persona que se acuesta tarde todos los días, que deja notas en tu antigua casa en hojas naranjas (porque es tu color preferido) y que está tomada más días de los que tiene una semana. Tal vez algún día toleré el olor a cigarro y comience a fumar alguno, pero no voy a tolerar nunca que hayas huido.

Nunca.
Nunca, nunca.

Ojalá también la próxima vez que nos encontremos podamos soportarnos más de diez minutos. Sin besos, sin sexo, sin textos. Solo tú y yo. Nada de letras, ni dinero, ni alcohol. ¿Quiénes somos entonces?

De todas formas, te voy a extrañar, olvidar, extrañar, en ese orden, no lo olvides. Y finalmente te olvidaré.

Para cuando vuelvas no estaré, lo prometo.
Visitaré todos los lugares que deseabas visitar como una venganza personal por todos esos besos que me has dejado de dar mientras estas lejos.

Me quedan tan solo treinta segundos.
Y también... Te amo.
Sí, te amo.


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