Hola.
Han pasado 50 días desde la
última vez que nos besamos ¿y sabes que es lo que más me enfada? Es el número
de días que tengo sin verte, pude soportar mucho tiempo viéndote sonreír sin
tenerte cerca, pero ahora molesta bastante la ausencia de tus manos tibias acá.
Tal vez ya no recuerdas el tono de mi voz, ni tampoco mis ojos pequeños
cansados del contacto social. Me atrevo a decir que igualmente no recuerdo los tuyos, aquellos que se
cerraban y expresaban el cuestionamiento de mis palabras con frases
como; “me mientes” “Sé que hay más que
decir” mientras fruncías el ceño, la sangre subía a tus labios y se volvían
líneas perpendiculares llenas de lujuria. Estoy hundiéndome en los charcos que
se forman por la inefable lluvia en la ciudad donde termine sola, sola con
personas que no puedo comprender y recordándote: nunca retirando los audífonos
de mis odios. Ahora las cervezas no están tan frías, no suenan las canciones
que cantaba mientras sonreías, porque no creías que podía ser feliz a tu lado.
El sol se va, vuelve, a veces las
nubes lo cubren o decide cambiar de turno con la lluvia, últimamente los días
se cansan tanto por verme caminar de un lado al otro: por todos los lugares que
compartíamos, y deciden terminar antes de lo debido. Mi boca a veces sabe a
trigo y a agrío, y no dejo soñar con esa espalda que nunca pude ver e imagino
esos lunares de los cuales me has hablado. Intento descifrar en cómo se
encuentran distribuidos, cuantas constelaciones que no existen se crearon en esa
piel blanca que me pertenece por prescripción mental.
Tantos vasos de cerveza lograron
que te sacara momentáneamente de mi cabeza y cuando tuve que reaccionar estaba
también en tu posición solo que no en las mismas coordenadas. Volví a casa, frágil,
rota, con el pasado de meses disuelto y con unos sentimientos vivos que dolían
cada mañana cuando descubría que no estabas, Ya es tan normal que te sueñe tan constantemente que a veces creo que estas acá. Por ahora necesito un doctor que
pueda retirar estas respectivas puntadas de mi corazón, y que el ciclo de
cicatrización sea tan constante como la barrera dimensional que construiste entre
nosotros.
Cincuenta días no han sido
suficiente para olvidarme (te) y retractarte (me).
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