viernes, 20 de julio de 2018

Todavía te estoy escribiendo.



-No se escribe dos veces Rayuela-, te decía, mientras “Tocaba tu boca, con un dedo tocaba el borde de tu boca, iba dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me bastara cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar”, y tú me preguntabas cuando iba a dedicarme a la literatura. -Realmente nadie termina de leer Rayuela-, Me decías, para disculparte por no entenderme y “Me mirabas, de cerca me mirabas, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos mirábamos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandaban, se acercaban entre sí”, Practicamos el capítulo 68 unas tres veces, y unas muchas noches del capítulo 5 al 8. Los días pasaron y las 728 hojas del libro se consumieron en un mes o un año, las medidas del tiempo siempre dan igual. Mientras tanto, el amor se volvió armillas de espinas entre nuestros dedos que no pudimos soportar. Los labios perdieron el color, los ojos estaban secos, los cabellos despeinados. En las mañanas nadie despertaba a colocar detalles amarillos en nuestros corazones y en las noches la cena no estaba tan caliente como nuestro paladar lo podría recodar. Las pizzas napolitanas ya no saben a pizza napolitana. Me llamas después de un tiempo a cuestionar mis formas de olvido, pero el razonamiento ya conoce la actuación consecutiva de los sentimientos. Discutes el por qué te convierto en poemas tristes que están haciendo fila para desaparecer como lo has hecho tú, mientras caminas y sonríes como si nada hubiera pasado y te ríes de mi voz que llora y solo puede decir “hola”, ya he dicho todo lo que no tengo que decir y hacer. Ya te dediqué en silencio todas las canciones de rock que no has escuchado.  Tienes razón, Comencé a temerle a tu partida desde el día en que agarraste mi mano y le disté un beso.
Y tú que me dijiste que no debía tenerle miedo al amor.

jueves, 21 de junio de 2018

Aviones de papel.


No tengo ganas de escribir. Las hojas se han hecho mohosas. Mi cuerpo se volvió agua. Ven a salvarme. Tengo sueños húmedos contigo. Se pudren las frutas. El color amarillo es mi color preferido. Me gusta el sabor de tus labios. De tu piel, Y de tu torso. El sonido de tu voz es muy agudo. La gente se ríe en el cine AL ESCUCHAR tu risa. Haces mucho ruido mientras duermes. Amas los aviones de papel. No te gusta mi comida preferida. No me gusta tu comida preferida. Amamos comer papas fritas Y COMBINARLAS con salsas. Te gustan las puestas de sol, LAS ESTRELLAS, LA LUNA. Siempre agarras mis manos cuando nadie nos está mirando. Tocas mi barbilla en signo de promesa. No puedo creerte nada. Siempre que me ves no puedes evitar agarrar mis muslos. Tus dientes son tan blancos. Tu aliento de cigarro barato es asqueroso. Te gusta escribir con plumas en hojas de papel con remiendos de tu firma. Has escrito tu nombre en mi piel . Amas mirar el campo. Te gusta colocar tus pies dentro del agua fría del río. No sabes nadar. Amas dormir conmigo todo el día. Preparas un café delicioso. Pero es tan ácido que produce gastritis. Me encanta como puedes abrazarme tan fuerte hasta desfallecer. Tenemos un pacto de sangre… De sangre que broto de nuestros labios después de tantas mordidas. Odias que muerda tus labios. He roto vidrios. Caminaste hacía el norte y yo hacía el sur. Tu café se enfrió. Nunca contestaste el teléfono.  Tienes mi número telefónico anotado con un nombre equivocado. No puedes evitar escribir tus cartas a puño y letra. Lloras más de lo que aparentas. No eres tan alto como crees. No puedes dejar de llorar. Ya no agarras mis manos. No tocas mi barbilla antes de despedirte.  No respondes cuando pregunto si volverás. Vi en tu mano unos boletos de avión. Al final nunca supe mucho de ti, ni de mí. Soy impulsiva. Las mañanas son nublabas cuando te alejas. Tu voz suena rígida. Haces aviones de papel con los poemas fallidos. Ya no envías notas a mi casa, ni al trabajo, ni al correo. Olvidaste cual es mi canción preferida. La música no suena igual. No te gusta el mar. No quieres volver a casa. No te gusta el agua fría. El sexo no es el mismo. Le tienes miedo a la oscuridad.  Tus abrazos son más tibios. Tengo que dejar de seguir esperando tus mensajes. Semana uno, semana dos. Semana tres. Me asusta cuando escapas. Tus besos ya no están posteados en mi frente. Olvidaste mi último día de clases. Ya no me regalas flores. Nunca me regalaste flores.
Se rompe la hoja.

lunes, 16 de abril de 2018

9.8 m/s2


Caminaba a las mismas horas, pero, aunque las calles no se vieran igual por el cambio repentino del clima, bueno, ella tampoco, ella siempre, a diferencia del clima pasaba desapercibida. En esa ciudad donde las noches duran 12hrs, y nadie duerme, compartía taxis con personas que cualquier día se convirtieron en sus mejores amigos. La observas y creerías que lleva toda su vida viviendo en esta rutina, o como si en verdad fuese su vida. Ser extranjera de calles, nunca haber tomado tanto vino, con cervezas oscuras, y que los chicos se acercarán y se enteraran que sabía más de guerra que de posiciones le chocaba en los 9.8 m/s2 que ella tenía que soportar después de quien sabe cuántas pastillas o cortos pases. Cualquier día después de estar perdida en la ciudad se da cuenta que alguien si sabe de movimientos uniformes acelerados, la abraza, le quita el frío y le enseña que a ella en verdad le gusta el café con azúcar, que no sabe pronunciar muchas cosas, y que necesitaba de una persona que no le gustara tanto el rock como a ella.

La miraba, y le veía esos pequeños ojos que se quedaban dormidos. No se aprendió nunca mi nombre y hacía una y otra vez las preguntas, -Como para salir del paso-, me utilizó para que otras personas no la acosaran y ese mismo día me mostró todo su maquillaje y labiales. Me llevó hasta la puerta de su casa y esa fue la primera vez, de unas diez que me cerró la puerta en la cara. Me escribió su largo nombre y le escribí que había vuelto a casa, pero nunca le hablé de todo el frío que tuve que soportar por horas porque ella tenía mi chaqueta (y que nunca agradeció). Volví a verla, le enseñé de muchas cosas de física que ella erróneamente por tantos años había creído y siempre la abrazaba con los ojos. Le encantaban las tostadas con café. A mí los frijoles de su país.

Ella creía que la gravedad tan solo se veía en números y letras: 9,8, metros,sobresegundos,alcuadrado. ¿Y eso que significa?, ¿estudie seis años de física para que una chica me intente cambiar la perspectiva de la ley de atracción en la tierra?, y que sus fundamentos que de científicos no tenían nada se basarán en el álbum de sonrisas que tengo en mi memoria, en esos ojos pequeños, que se cerraban como tres segundos para que me respondiera: “¿qué dijiste?” y yo tuviera que sacar aíre limpio de mi reserva pulmonar (que adquirí por tener la habilidad de cantar) y contarle de nuevo las historias, para que comenzará a mirar su teléfono y que lo  primero que se me veniera a la mente sea: Solo me quedan tres semanas y dejaré de verla.

Y que comenzará a hablar de Newton, aunque yo quería hablar de música y libros, porque ella dice que es escritora: Me contaba unas historias, que le tenía mucho miedo al mar, pero que le gustaba nadar por una hora, aunque su píe se acalambrara después de 5 minutos, ¿y entonces como no se ahoga?, que le gusta ver el atardecer, como se esconde en el mar y lee, según ella muchos libros.  Que no le gusta el rock pop, ni tampoco el rap porque su mamá no la deja escuchar eso, ¿Cuál es la fórmula que le enseñan a los hombres para poder procesar tanta información de una mujer?, yo solamente sé escuchar. Me dio comida en la boca, bailamos canciones que solo a ella le gustan, nos besamos en calles con muchos grados bajos ceros (según ella) y mucha gente dijo “paguen un motel”.
Está historia ya estaba contada, que movimiento rectilíneo uniformemente variado, ella necesita dejar tanta matemática y hacerle más caso a las cosas que le gustan.

martes, 22 de agosto de 2017

Ultimas palabras a alguien que [tal vez] ya no está.


Esta mañana desperté con las palabras que cada vez tengo menos miedo de gritar. El mundo también tiene que entender que existen personas que van en contra de su ritmo. Los resultados cada vez son más predecibles, mi cabello pierde el color rojizo con el que lo recuerdas y la sangre vuelve a correr por mi nariz. Mientras inclino mi cabeza (a ver si en algún momento se detiene la hemorragia) con las viejas técnicas inservibles, recuerdo tus tiernos dedos entibiando mi mejilla. Han pasado tantos días desde que no estás, que la gente también me considera una desconocida, junto a tu nombre, que se pierde con el viento mientras miro el oleaje. Lo observo, y es tan seguro que puedo sentir cómo tu energía desaparece de aquí.

Es hora de detenerte de mi realidad sin importar que te lleves todo contigo, porque a veces es necesario escapar, como los pétalos de margaritas desperdiciados pensando en si "me querías" o "no me querías". Ahora tengo que cargar conmigo, tengo tantas responsabilidades que espero no decepcionarme, tengo que levantar mi rostro, sino, me ahogaré con la sangre.

Por ahora seguiré creyendo en las teorías que el propio gobierno de la vida me ha hecho aprender a encarceladas. A veces es necesario no olvidar los buenos recuerdos, es importante resaltar cuando a nuestra vida llegan personas que nos hacen creer que en realidad no todo es tan efímero, aunque ellos mismos insistan en que no pueden quedarse o tal vez es uno mismo quien no puede [O en realidad no DEBE] quedarse.

Ya no eres el personaje principal de mis sueños, ahora solo te veo esporádicamente cerca a mí, sentado, observando que sea feliz con las decisiones que en vigilia decida tomar.

¿Qué bueno son mis títulos no?, ojalá algún día te escriba canciones,  pueda ser consciente en sueños y te pueda volver a ver y reír cerrando tus ojos.

53.





viernes, 18 de agosto de 2017

50.

Hola. 

Han pasado 50 días desde la última vez que nos besamos ¿y sabes que es lo que más me enfada? Es el número de días que tengo sin verte, pude soportar mucho tiempo viéndote sonreír sin tenerte cerca, pero ahora molesta bastante la ausencia de tus manos tibias acá. Tal vez ya no recuerdas el tono de mi voz, ni tampoco mis ojos pequeños cansados del contacto social. Me atrevo a decir que igualmente no recuerdo los tuyos, aquellos que se cerraban y expresaban el cuestionamiento de mis palabras con frases como; “me mientes” “Sé que hay más que decir” mientras fruncías el ceño, la sangre subía a tus labios y se volvían líneas perpendiculares llenas de lujuria. Estoy hundiéndome en los charcos que se forman por la inefable lluvia en la ciudad donde termine sola, sola con personas que no puedo comprender y recordándote: nunca retirando los audífonos de mis odios. Ahora las cervezas no están tan frías, no suenan las canciones que cantaba mientras sonreías, porque no creías que podía ser feliz a tu lado.

El sol se va, vuelve, a veces las nubes lo cubren o decide cambiar de turno con la lluvia, últimamente los días se cansan tanto por verme caminar de un lado al otro: por todos los lugares que compartíamos, y deciden terminar antes de lo debido. Mi boca a veces sabe a trigo y a agrío, y no dejo soñar con esa espalda que nunca pude ver e imagino esos lunares de los cuales me has hablado. Intento descifrar en cómo se encuentran distribuidos, cuantas constelaciones que no existen se crearon en esa piel blanca que me pertenece por prescripción mental.

Tantos vasos de cerveza lograron que te sacara momentáneamente de mi cabeza y cuando tuve que reaccionar estaba también en tu posición solo que no en las mismas coordenadas. Volví a casa, frágil, rota, con el pasado de meses disuelto y con unos sentimientos vivos que dolían cada mañana cuando descubría que no estabas, Ya es tan normal que te sueñe tan constantemente que a veces creo que estas acá. Por ahora necesito un doctor que pueda retirar estas respectivas puntadas de mi corazón, y que el ciclo de cicatrización sea tan constante como la barrera dimensional que construiste entre nosotros.

Cincuenta días no han sido suficiente para olvidarme (te) y retractarte (me).



martes, 14 de junio de 2016

¿Cómo escribo mis cuentos?


Cada vez que escribo algo el millón de palabras se lleva una parte de mí. Siempre lo he dicho, es la respuesta universal a que siento cuando escribo.
Por eso, cada vez que escribo, aunque sea un blog va inspirado a alguien, así sea para mí.

Y esta es la difícil labor de un escritor: separar los sentimientos, las personas, lo que quema, lo que se es y lo que se quiere aparentar ser en los escritos. Y para ser honestos no quería comenzar a escribir este blog de esta manera, en verdad quería explicar cómo escribo cuentos.

No es una ciencia exacta. Puede comenzar por un sueño, un olor, un beso, un apretón de manos, una mirada. Cualquier cosa. No es algo que otra persona no haya dicho, pero ¿quiénes son mis personajes?

Depende. En algún tiempo creía que debía entregarle a los lectores como eran las personas de las cuales escribía, pero un día aprendí que si seguía haciendo eso me iba a delatar (más de lo que ya estaba), por eso, prefiero que a quien escribo y a quien no le escribo pueda imaginarse. Imaginarse matando, siendo feliz, dando besos, tomando café, mirando por la ventana, levantando de cama y viendo a su mujer al lado, tomando copas de vinos con su más grande enemigo.

pero ahora si ¿cómo manejo la trama de mis personajes?
Depende como me encuentre de ánimo. A veces siento que mis personajes pueden llegar a ser mis amigos, un ex, alguien que me gusta, mi cantante preferido.
Y por eso escribí lo que leerán a continuación (que era el verdadero blog que pensaba publicar y que nació una noche de lluvia) (mucha lluvia):


Tú eres el personaje de mis últimos diez cuentos. y en cada uno se encuentra descrito como quiero que seas y no seas. A veces me levanto de muy buen ánimo y te doy vida en mis palabras, te hago alto, con más barba de la que tienes, con el cabello tan largo como lo deseas, te compro una maleta de tu color preferido y te en envió hacía Europa en quince minutos. Sobre la lluvia en Paris.  
Algunos días como hoy no me levanto de muy buen ánimo. Mi corazón está en tus zapatos y el día es soleado para ti, y entonces te dan muchísimas ganas de caminar, Como nunca.  Pero no escuchas como chilla el corazón, o te niegas a sentirlo.

Mientras tanto en mis letras mueres: caes de un rascacielos, te ahogas en las cascadas de Brasil, mueres porque no observaste si el semáforo estaba en verde. Sí, si estás leyendo esto, sabes lo tonto que puedes ser en algunos momentos.
Pero también hay otros días, como cuando éramos felices. Entonces, en esos días yo te perfumaba, y te vestía de Blanco, y te llevaba a mi sitio preferido, tal vez al mar y caminabas conmigo junto a la lluvia, porque en el mar también llueve, y temblabas, pero me protegías, y tus ojos brillaban como nunca mientras yo observaba como le temías al mar, al oscuro azul del mar.

También te imaginaba en tu habitación.

Pensando en nosotros, en como morbosamente era yo quien estaba a tu lado.

Pensando en cómo creías que mis besos cargaban buena suerte.

Buena suerte, amor. (como nunca antes te había dicho).

domingo, 12 de junio de 2016



Ella observa por la ventana y la ventana se vuelve cada vez más pequeña y entonces el cielo se hace más oscuro, las pupilas se dilatan en el brusco encuentro de observar el verde pasto, que pronto dejará de ser verde. 

Ella no recuerda caminar, porque su cuerpo se cae cada segundo cuando recuerda como duele el corazón, ¡Pero como duele! -¿no?- ¿A usted nunca le ha dolido el corazón? porque a mí sí. Se siente amargo y ácido y es amarillo como el sol y luego se vuelve negro como los vacíos. Entonces te traga y las lagunas se vuelven pequeñas con el conteo de cada lagrima que has derramado, y el mar. El mar ni siquiera llega a ser igual de salado que tu rostro después de una noche de tormenta, de insomnio, de no saber que pasará mañana.

¡Maratones! un verdadero maratón es tener que fingir y caminar como un dependiente por las calles mientras tienes que fingir, sonreír y tu único acompañante es... Buen chiste.

Usted señor, en verdad  no sabe nada ¿ah?, porque tener que explicar que se siente sufrir mientras la ventana se vuelve pequeña y que su voz se deje de escuchar y sus pequeños dedos dejen de tocarme, y sus ojos, sus dulces ojos dejen de verme. Esto es como la muerte... 

Y usted solo me calla con un beso.