martes, 22 de agosto de 2017

Ultimas palabras a alguien que [tal vez] ya no está.


Esta mañana desperté con las palabras que cada vez tengo menos miedo de gritar. El mundo también tiene que entender que existen personas que van en contra de su ritmo. Los resultados cada vez son más predecibles, mi cabello pierde el color rojizo con el que lo recuerdas y la sangre vuelve a correr por mi nariz. Mientras inclino mi cabeza (a ver si en algún momento se detiene la hemorragia) con las viejas técnicas inservibles, recuerdo tus tiernos dedos entibiando mi mejilla. Han pasado tantos días desde que no estás, que la gente también me considera una desconocida, junto a tu nombre, que se pierde con el viento mientras miro el oleaje. Lo observo, y es tan seguro que puedo sentir cómo tu energía desaparece de aquí.

Es hora de detenerte de mi realidad sin importar que te lleves todo contigo, porque a veces es necesario escapar, como los pétalos de margaritas desperdiciados pensando en si "me querías" o "no me querías". Ahora tengo que cargar conmigo, tengo tantas responsabilidades que espero no decepcionarme, tengo que levantar mi rostro, sino, me ahogaré con la sangre.

Por ahora seguiré creyendo en las teorías que el propio gobierno de la vida me ha hecho aprender a encarceladas. A veces es necesario no olvidar los buenos recuerdos, es importante resaltar cuando a nuestra vida llegan personas que nos hacen creer que en realidad no todo es tan efímero, aunque ellos mismos insistan en que no pueden quedarse o tal vez es uno mismo quien no puede [O en realidad no DEBE] quedarse.

Ya no eres el personaje principal de mis sueños, ahora solo te veo esporádicamente cerca a mí, sentado, observando que sea feliz con las decisiones que en vigilia decida tomar.

¿Qué bueno son mis títulos no?, ojalá algún día te escriba canciones,  pueda ser consciente en sueños y te pueda volver a ver y reír cerrando tus ojos.

53.





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