Ella observa por la ventana y la ventana se vuelve cada vez más pequeña y entonces el cielo se hace más oscuro, las pupilas se dilatan en el brusco encuentro de observar el verde pasto, que pronto dejará de ser verde.
Ella no recuerda caminar, porque su cuerpo se cae cada segundo cuando recuerda como duele el corazón, ¡Pero como duele! -¿no?- ¿A usted nunca le ha dolido el corazón? porque a mí sí. Se siente amargo y ácido y es amarillo como el sol y luego se vuelve negro como los vacíos. Entonces te traga y las lagunas se vuelven pequeñas con el conteo de cada lagrima que has derramado, y el mar. El mar ni siquiera llega a ser igual de salado que tu rostro después de una noche de tormenta, de insomnio, de no saber que pasará mañana.
¡Maratones! un verdadero maratón es tener que fingir y caminar como un dependiente por las calles mientras tienes que fingir, sonreír y tu único acompañante es... Buen chiste.
Usted señor, en verdad no sabe nada ¿ah?, porque tener que explicar que se siente sufrir mientras la ventana se vuelve pequeña y que su voz se deje de escuchar y sus pequeños dedos dejen de tocarme, y sus ojos, sus dulces ojos dejen de verme. Esto es como la muerte...
Y usted solo me calla con un beso.
Me gusta, salud2.
ResponderEliminarExecelente colega
ResponderEliminarMuy bueno Mari, muy buen escrito
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